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… Y NO TE CANSES NUNCA

Te habrás dado cuenta que, durante todo el día, son muchos los que vienen a pedirte algo. El aburrido…, tu conversación; el pobre… tu dinero, el triste un consuelo, estimulo el débil e inseguro…, y el que lucha un apoyo moral.

Nunca te quejes de que “todos” te pidan. Piensa, con alegría, que te han otorgado el privilegio de dar, aunque solo sea una sonrisa, un apretón de manos, una palabra de aliento… una felicitación…

Siempre es bueno ayudar a tus hermanos a encontrar dentro de ellos mismos lo que juzgan que han perdido o que les han quitado.

La vida en sociedad, la convivencia trae consigo, de forma inevitable, fricciones y tropiezos, pequeños roces que no siempre sabemos suavizar. Y de una intrascendente incomprensión hacemos una guerra encarnizada. Discusiones, reproches y denuestos surgen cual llamarada de una chispa que hubiéramos podido controlar. La calma y la templanza neutralizan cualquier contrariedad o contratiempo. Así la chispa. No soples la brasa.

Si te dicen que sí, dices que no; si ahora, que después; si ayer, que hoy. El caso es contrariar, buscar pelea, irritar, provocar por placer. Parece que disfrutas llevando la contraria. Eres, en todas partes, el espíritu de la contradicción. Es mejor, la inmensa mayoría de las veces, ceder, condescender, acomodarse, transigir, adaptarse. Todo menos ir por la vida a golpe de capricho o de provocación.

Ni tú ni yo podemos blanquear los ensangrentados muros de la tierra, limpiar el mar de minas o cambiar la conciencia del terrorista. Si, está a nuestro alcance, sin embargo, oxigenar de bondad el amable rincón de nuestra casa, cubrir de comprensión la leve intemperancia del abuelo, encajar con paciencia el enfado a destiempo, la infantil travesura, la mania senil o la amistad cargante.

Redacción
 
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