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ENSEÑAR AL QUE NO SABE

Esta voz le busca a usted, que se arma un lío con todo ese asunto de la libertad de enseñanza.

Pues bien, amigo, la cosa es bastante clara, si no la complicáramos los hombres. Porque, una de las tendencias más humanas consiste en la sociabilidad, que nos empuja a comunicar a los demás nuestros conocimientos. Y a este derecho del hombre, corresponde en la sociedad el deber de respaldar la libertad de expresión, con la única cortapisa del respeto al bien de los otros, es decir, procurando que no atente al bien común.

Y si este derecho atañe a cualquier particular, también pertenece a los grupos más o menos grandes. Por tanto, la Iglesia, como conjunto de ciudadanos puede enseñar y por lo mismo tener escuelas, colegios y universidades. Y esto no sólo para enseñar la religión, sino cualquier asignatura y disciplina.

Hoy, conviene recordar esto, pues incluso entre los españoles existe un despiste tradicional en esta materia. Ni siquiera vale el argumento de que siendo católico el Gobierno, no tiene sentido crear centros educativos de la Iglesia, pues el derecho natural a la enseñanza es independiente de la confesionalidad del Estado.

Lo que interesa es que todo el que tenga que enseñar pueda contribuir a la formación de los hombres, que es el mejor modo de trabajar por el bien de España.

Redacción
 
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