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Con otro Acento

Un coro inmenso de millones de hombres y mujeres todos los días pronuncia y está en actitud de “ganarse la vida”. Es que la mayor parte de la humanidad, la inmensa mayoría de la gente tiene que “trabajar para vivir”.

Este imperativo les empuja, nos empuja a buscar un puesto laboral, sea el que sea, aunque no esté en consonancia con nuestras aptitudes y aficiones. Porque todos, todos queremos a toda costa ganarnos la vida.

Nada que objetar, (más bien aplaudir), ese empeño por lograr a fuerza de sacrificios esa situación económica que permita sentarse a la mesa con los suyos, vestir dignamente y tener un hogar como Dios manda.

Más bien su lucha por ese ideal de existencia es comprensible y laudable. Es más, todos los hombres y mujeres, aun siendo pudientes, deberían hacer suya la máxima de que “hay que ganarse la vida”, pues todos debemos colaborar a mejorar la sociedad.

Pero hoy, como responsable de este “púlpito” que lleva “la marca de la casa” para la que trabajo, quisiera completar la frase: “hay que ganarse la vida…” que no termina, la “vida eterna”. Porque, si bien es verdad que es Dios quien nos regala el cielo, por los méritos de su Hijo, igualmente resulta cierto que nos lo hemos de ganar nosotros. La vida eterna es a la vez premio y galardón. Por eso aconsejo que cuando se piense en que “hay que ganarse la vida”, hagamos el esfuerzo por ganarnos también la eterna.


J.T.
 
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Papa Francisco
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Santa Eulalia
San Roque
 
 
 
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