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Con otro Acento

Hay cosechas desgraciadas que visten de luto las casas.

Hay cosechas negras que nublan el horizonte limpio de las ilusiones humanas.

¡Pobre Chico!

Soñó tanto con unas vacaciones en libertad de libros y de clases apretadas, que no puede hacerse a la realidad de lo que leen sus ojos:

“Suspendo”… en el ´último examen.

Yo quisiera acordarme hoy de todos los estudiantes que, en España y en el mundo, lamentan a estas horas la presencia de un suspenso “colado” por sorpresa, como un gol fantasma, en las mallas amables de la puerta misma del verano.

Los programas de estudios de nuestros colegios y universidades, con sus cuadros repletos de asignaturas de primera, segunda y tercera categoría.

Hay cursos difíciles, sobre el papel, como hay quinielas imposibles para los catorce aciertos.

Hay cursos facilones en todas las carreras como hay quinielas sin secretos en algunas jornadas.

Y, sin embargo…

Cuantas veces en los estudios, en las quinielas… y en la vida las sorpresas más serias han brotado en climas de la más segura confianza.

Un suspenso contra toda previsión, es como un accidente de circulación a cuarenta por hora.

Un suspenso, en el curso fácil de la carrera, es como una grave contusión producida por un triciclo de niño, en la que duele más la humillación que la contusión misma.

Convenzámonos de que:

No hay quiniela fácil en la liga.

No hay cursos “tirados” en las carreras.

No hay enemigos pequeños… en la vida.

Y el estudiante verá ensombrecida la limpia ilusión veraniega de sus vacaciones estivales por la sorpresa imprevista de un fracaso de última hora.

Y cuantas veces la vida:

Con sus corazonadas pasajeras.

Con sus desengaños súbitos.

Con sus amistades inconstantes.

Con sus soledades reiteradas…

Es como un certificado de suspensos al pie de los mejores sueños de eternas aventuras.

A pesar de todo:

Mantén joven el corazón.

Para seguir creyendo, siempre, en la bondad de mis enemigos.

Para que siga esperando, siempre, en la lealtad de mis amigos.

Para que siga amando, siempre, sin cansancios, en todos mis caminos.

Para que siga comprendiendo siempre:

Que si no hubiera dificultades no habría virtud.

Que si no hubiera esfuerzos no habría santidad.

Que si los hombres no fuéramos pecadores… Tú no serías misericordioso, Señor.

Si entra en Tus cálculos, Señor:

Apágame las luces que me hacen brillar con brillos efímeros en la fiesta de los hombres.

Esconde en la noche oscura del fracaso y de la soledad mi pobre lámpara parpadeante.

Suspéndeme cien veces en el tribunal veleidoso y parcial de los juicios humanos.

Pero…

Apruébame, generoso, en el Examen Final de mi última tarde…

Para que, con el cielo, la vida empiece a ser definitiva vacación, limpia de trabajos, en la felicidad larga del Amor.

Post data:

Pido al Señor que te enseñe a “encajar” el suspenso con auténtico estilo deportivo.

Y no olvides:

Que la tabla de “clasificación” definitiva la lleva Dios.

Que los fracasos que suman “puntos negativos” en nuestros cálculos humanos, son, muchas veces, “puntos positivos” en la suma total de Dios.

Que el sufrimiento pasa, y que lo único que no pasa… es el haber sufrido, incluso, una pandemia que no quiere irse… por lo bien que la ¿hemos tratado?..., ¿la estamos tratando…


J.T.
 
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Papa Francisco
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