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Temperamento barométrico

Un temperamento barométrico es como un “hombre del tiempo” que registra los cambios climatológicos desde dentro: la lluvia y el sol, el calor y el frío, las nubes altas y las nubes bajas…

Filtran sus tonos exteriores por los poros del cuerpo y dejan marcado el espíritu como un gráfico completo.

De máximas de euforias y mínimas de depresiones. De optimismos cálidos y pesimismos helados. De luces de alegrías y brumas de tristeza.

Personal y anímicamente prefiero los contrastes ya que acepto con la misma ilusión o resignación un paseo bajo el sol o una marcha bajo la lluvia; un día de calor o una mínima bajo cero… pero confieso que los días grises me descolocan… Y resulta que hoy está siendo un día clásico de otoño: un día gris ceniza.

Está tan alto el sol que la luz llega cansada a la ciudad. Están tan altas las nubes que las sombras pierden densidad a fuerza de alargarse…

Está tan lejos todo: la lluvia, el calor, la luz…, que le falta sinceridad al paisaje e incluso al “paisanaje” a fuerza de faltarle definición al ambiente que nos rodea.

Pero, al fin de cuentas, el ambiente atmosférico es, siempre, un accidente pasajero, superable por los trazos firmes, seguros y definidos del paisaje interior del espíritu rojo… del amor; verde… de la esperanza, blanco de la fe...

Y desterrando de mis horizontes habituales… el gris-ceniza desvaído, indefinido y conformista de todas las actitudes acomodaticias y cobardes que el ambiente me propone e impone.

Redacción
 
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