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Con otro acento

Pongamos los puntos sobre la íes…

Un compañero de estudios hacía las “redacciones” o composiciones preceptivas, sin preocuparse por los puntos, las comas, los acentos… Y, pocos momentos antes de entregar la composición al profesor, diseminaba, a boleo, por todo el trabajo, los signos que consideraba oportuno.

Lo malo era que, a veces, cuando ya habíamos salido a jugar al patio, le veíamos echarse las manos a la cabeza, desesperado: se había olvidado de poner las “comas” y los diversos accesorios en su debido sitio. Y el “4”, (con todas las líneas bien trazadas), era el justo precio, (la nota), de sus composiciones.

También se cuenta de un aspirante a poeta, que había enviado algunos de sus poemas a un autor famosísimo, advirtiéndole: “No me he preocupado de poner “puntos” y “comas”. Hágalo, usted mismo, si lo considera oportuno. Respuesta: “otra vez envíeme los “puntos” y las “comas”, que de los versos me encargaré yo”.

Hay muchos de nuestros pensamientos, ideas, seguridades, slogans que circulan libremente, sin preocuparnos lo mas mínimo de su exactitud y corrección.

Es demasiado costoso y molesto obligar a que revisen sus ideas los mecánicos que las fabrican y los que las ponen en circulación.

Es demasiado difícil poner los puntos sobre las “íes” y en otras cosas, no por presunción, sino por un elemental sentido de la dignidad, por respeto a la verdad, por gusto de la precisión, por una franca repulsa a la de la aproximación, del conformismo, del “he oído decir”, del populismo…

Por favor: no dejemos que nuestros pensamientos sigan rodando por la pendiente de la facilonería…

Vale más una idea que avanza lentamente que una idea velocísima y siempre en equilibrio. “No es el vino el que emborracha al hombre. Es el hombre quien se emborracha.


J.T.
 
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Papa Francisco
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Santa Eulalia
San Roque
 
 
 
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